-"El señor es mi pastor, nada me faltará. Y aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque él está conmigo. Su vara y su cayado me infunden aliento". -Murmuraba, una y otra vez, aquel soldado que, con el dedo a punto de presionar el gatillo, buscaba por la mirilla otro objetivo a batir.