Todos los Estados tienen señores lobos, esos que como Harvey Keitel en Pulp Fiction se dedican a solucionar problemas. Los gobiernos pasan y ellos quedan. Siguen por su demostrada eficiencia, por su discreción en los servicios y a veces porque valen por lo que callan. De lo que nadie duda es que cuando tienen un cometido lo cumplen y que con los años acumulan poder e influencia.