El episodio más reciente de la crisis económica coloca a los llamados paraísos fiscales en el centro de la escena. Chipre es una pequeña economía y un gran dolor de cabeza, pero lo esencial es que ha revelado una vez más la importancia de estos espacios en la economía mundial: la globalización neoliberal no hubiera podido desarrollarse sin la ayuda de estos instrumentos de la acumulación financiera.

Como no teníamos poco con la grave crisis económica y social que estamos viviendo, ahora nos desayunamos día sí y día también con el gravísimo escándalo que ha sacudido al PP y al Gobierno de Mariano Rajoy. El caso de la supuesta financiación ilegal y del pago de sobresueldos a altos cargos conservadores ha sido la puntilla para una sociedad que está abrumada por los acontecimientos.

La sociedad actual en el capitalismo desarrollado ha pasado de consumir bienes y servicios para satisfacer necesidades, a un consumismo insostenible que pretende satisfacer deseos de consumo. Algo que es imposible de lograr, ya que la razón de ser del deseo de consumo es el propio deseo, lo que nos introduce en una espiral de difícil salida si lo que pretendemos es satisfacerlo con más consumo.

Los economistas del Fondo Monetario Internacional, Daniel Leigh y Olivier Blanchard, éste último, el economista jefe de de dicha institución, han presentado el informe titulado “Errores en las previsiones de crecimiento y multiplicadores fiscales”, en el que reconocen que el FMI se equivocó al prever las consecuencias de las políticas de recorte exigidas a los países con problemas económicos.

La grave crisis que padecemos en España tiene muchas similitudes con las penurias que pasaron los norteamericanos en el crack de 1929. Al igual que en nuestros días, por aquel entonces el desplome de la economía provocó una caída sin precedentes del consumo, un descomunal paro, un incremento de la pobreza y sobretodo de una política de recortes que incentivó la caída en picado de la actividad productiva.