La grave crisis que padecemos en España tiene muchas similitudes con las penurias que pasaron los norteamericanos en el crack de 1929. Al igual que en nuestros días, por aquel entonces el desplome de la economía provocó una caída sin precedentes del consumo, un descomunal paro, un incremento de la pobreza y sobretodo de una política de recortes que incentivó la caída en picado de la actividad productiva.

Un año después de que Mariano Rajoy ganara absolutamente las elecciones generales, no se ha creado ni un solo puesto de trabajo de los más de tres millones prometidos; se han subido los impuestos, IVA e IRPF, a pesar de la ideología liberal y de las miles de firmas recogidas por el PP cuando estaba en la oposición contra su subida.

A perro flaco todo se le vuelven pulgas. Los socialistas avanzamos imparables hacia la crisis definitiva, la que se nos vendrá encima tras las elecciones catalanas, en las que todo hace presagiar un nuevo desastre para el PSOE. Esta es la situación: el PSOE ya ha probado la hiel de una crisis electoral, primero en las municipales y autonómicas, después en las generales y hace dos semanas en Euskadi y Galicia.

Se acabó la paz y la tranquilidad de la época estival con el asalto a dos supermercados con la participación del alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, quien ha logrado atraer la atención de los medios de comunicación nacionales, con una acción de propaganda contundente aunque bastante rudimentaria, lo que no deja de tener mérito.

No nos equivoquemos. Si la bancada del Partido Popular aplaudió al presidente después de anunciar uno tras otro todos los recortes que se propone hacer es porque creen en ellos. Ahora tienen la excusa perfecta, con la crisis y las imposiciones de Europa, para llevarlo a cabo, pero su intención siempre ha sido y será recortar y acabar con el Estado de Bienestar, acabando por supuesto para ello con todas las libertades y derechos de los ciudadanos para poder reclamarlos.

Desde que la derecha llegó al gobierno, tengo la extraña sensación de ser el protagonista principal de la película “Regreso al Futuro”, como aquel joven Marty McFly (Michael J. Fox) que viajaba en el tiempo gracias a la invención de su amigo Emmett Brown (Christopher Lloyd). Y la sensación es cada vez mayor a medida que pasa el tiempo, teniendo en cuenta cómo actúa el gobierno de Rajoy y las declaraciones de sus ministros.